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En la primera sala están representados los primeros asentamientos humanos en la Patagonia argentina, junto a microorganismos primitivos que marcan hitos de la historia natural.
La sala central está dedicada a la era Mesozoica y se lucen réplicas de dinosaurios de los períodos Cretácico, Jurásico y Triásico. La presencia de esos enormes dinosaurios carnívoros, de grandes dientes, fue lo que más sorprendió a nuestros chicos.
En el primer piso se documenta con fotografías las campañas paleontológicas y los hallazgos que los científicos lograron en la zona. Un moderno auditorio complementa la divulgación de la tarea científica y distintas muestras itinerantes recorren el mundo con el objeto de hacer conocer las riquezas obtenidas en esta parte del continente americano.
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“Cuando se encuentra un fósil, los expertos lo extraen con sumo cuidado, lo llevan al laboratorio donde se lo limpia y analiza. Posteriormente, se realizan las réplicas de lo hallado, para su exhibición”, esa es la línea de trabajo, según aprendimos.
Además de las visitas guiadas, otras actividades para adultos y niños logran gran concurrencia de público. Dos ejemplos son los programas “Exploradores en pijamas” y “Café científico”, para chicos el primero y para adultos el segundo.
A solo 8 kilómetros de Gaiman, el geoparque Bryn Gwyn (Loma blanca) permite caminar por un sendero a cielo abierto y es “como viajar a un pasado de 40 millones de años”, nos comentó el guía durante el recorrido por el MEF.
Familiarmente llamado MEF, el museo logró interesarnos con su aventura científica y la línea del tiempo hacia el pasado nos hizo reflexionar acerca de nuestra presencia sobre la Tierra.